viernes, 16 de septiembre de 2011
Cierta manera olvidamos lo que para el común de los chilenos
que es el 18 de septiembre?. La primera junta nacional que se celebró en Chile
Septiembre se aparece como verdadera silueta del desborde nacional.La
empanada y la chicha de visten de colores, tres días de gala.
Lo cierto es, me trae recuerdo casi aterrador, la prisa de querer pasarlo bien,
y la presión de salir de la ciudad.
Un día como hoy, más de alguna vez, me fui con MÍ pareja de turno, para saber cómo es el
sur de chile, en las fiestas dieciocheras.
Resultado… la camioneta casi fundida por los tacos
en la carretera. Y lo más curioso, cuando hay un carabinero el taco es mayor.
Al llegar al sur, y la columna casi en las manos, el dueño de casa por reflejos, saca a relucir su parrilla.
Llena de oxido casi con las patas podridas por no ser usada durante el año.
Su racional carne, muestra de un codigo varonil, todos los comensales se acercan
y la pregunta casi estúpida que carne es? . Vaya al fin al cabo la ceremonia de comer en una parrilla con óxido y un carbón y la humareda al final daba exactamente lo mismo el tipo de carne.
Aunque lo anterior fuera poco, no falta el invitado que te jotea a la novia o que se siente con el derecho de abordar cualquier conversación. El dieciocho es licencia para tomar y hablar las pelotudeses que se venga en ganas… Una sicosis nacional. (más de alguna vez, me tomé licencias largas).
Una de las palabras que me quedo en la cabeza es “ siempre digno”, sin mostrar el desborde de la ira, que por celebrar debes aguantar toda esta bohemia cuequera,.
Y el país se transforma, en una gran discotheque ochentera pasando por los prisioneros, los los hermanos Bustos, Zalo Reyes y Tom Anthony.
Y bueno mientras tanto debes estar lucido para tu novia, que no puedes tomar por que la propaganda en la Tv, es deja las llaves y que otros te lleven.
Acá era una forma distinta, usa el vehiculo y lo más lejos que llegues ,más cerca de lo autóctono…
Ha estas alturas, cansado de caminar y con los zapatos llenos de tierra, ya no quería saber de nadie, y el maldito dieciocho, solo quería recostarme en el prado verde con una botella de vino, quizás por allí con la empanada silenciosa.
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