Camino a CONCON
Una vez
sonrió un
silencioso
valle
donde
nadie habitaba;
se habían
ido las guerras,
confiando
a las estrellas
de suaves
ojos
Cada
noche,
desde sus azules torres,
la
vigilancia sobre las flores,
en medio
de las cuales todo el día
la roja
luz del sol descansaba perezosa.
Ahora
cada visitante confesará
la
inquietud del triste valle.
Nada es
allá inmóvil,
nada
salvo el aire que cavila
sobre la
mágica soledad en su
“Zona de Sacrificio”,
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